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Wednesday, April 13, 2011

¿Dónde está la alfombra de bienvenida?

Martyn Drakard | Miércoles, 6 de abril del 2011

La hostilidad y xenofobia europeas hacia los refugiados africanos deja perplejos a los africanos.



Al mismo tiempo que los aviones de la OTAN están haciendo respetar la zona de exclusión aérea en el cielo de Libia, y mientras que los dos presidentes luchan entre sí en Costa de Marfil, unos dramas se están llevando acabo en la tierra debajo: las vidas de innumerables refugiados y gente que ha sido sacada de sus hogares. Hay un refrán africano que dice: cuando dos elefantes se pelean, el que sufre es el pasto.

Yamusukro, la capital administrativa de Costa de Marfil, se ha derrumbado ante los soldados respaldando al presidente Alassane Ouattara, quien ha sido reconocido internacionalmente, pero los residentes de la capital financiera, Abiyán, principalmente territorio de Laurent Gbagbo, se están saliendo de la ciudad lo más pronto posible. Se estima que el número de los refugiados y gente que han sido desplazados de sus hogares es de 500,000 a un millón de personas. Algunos han escapado a sus casas en las aldeas – si se encuentran en una zona segura -, otros (trabajadores de las plantaciones de cocoa) se dirigen hacia sus países de origen y otros van a cualquier lugar donde puedan encontrar refugio y comida. El recinto de una iglesia católica se encuentra dando refugio a 30,000 personas.

Mientras tanto, la pequeña islia Italiana Lampedusa (con una población de 3,000 habitantes) está siendo inundada. Desde que los problemas de África del Norte comenzaron, más de 15,000 inmigrantes de Libia y Túnez han llegado a las costas de la isla, y más siguen llegando. Estos son los que tuvieron suficiente suerte para cruzar a salvo.

Desde hace poco tiempo, los pescadores de Lampedusa han cerrado con barricadas la entrada al puerto de la isla con balsas confiscadas de los previos inmigrantes ilegales para prevenir que enbarcaciones de más inmigrantes lleguen a la costa. Algunos sostenían un aviso pintado que decía “¡Suficiente – estamos llenos!” Los visitantes africanos han estado durmiendo en el frente del puerto o en tiendas de campaña en espacios abiertos. El Primer Ministro Italiano, Silvio Berlusconi, visitó la isla al inicio de esta semana, prometiendo que distribuiría víveres a los habitantes de la isla, y llevaría a los inmigrantes a Sicilia y al continente. Él vino dos semanas después de Marine Le Pen, la candidata presidencial francesa quien, fiel a los pasos de su padre, dijo que todos los inmigrantes deberían regresarse a África.

Las inhóspitas palabras de la Sra. Le Pen y la hostilidad de los pescadores de Lampedusan, aunque son representativas de los sentimientos de muchos europeos, contrastan con los sentimientos africanos con respecto a visitantes.

África no ha tenido otra opción más que acomodar a gente de países colindantes en llamas. Los últimos 40 o más años, Kenya ha tomado el papel de anfitrión a gente de Somalía, Uganda, Etiopía, Congo, Sudán, y Sudáfrica (durante el apartheid), a pesar de no tener suficientes recursos de vivienda y alimentos para sus propios ciudadanos. Uganda ha recibido a gente de Rwanda y Burundi, Sudán, Kenya, Congo, y recientemente, Somalía. Los países de África Occidental, con sus guerras de los Diamantes de Sangre en los noventas, tuvieron experiencias similares.

Las fronteras y hasta los puestos fronterizos son porosos en África. Cualquier persona con una cara negra y un poco de descaro puede atravesar sin ningún problema, sin papeles, molestias o largas filas. Las colas son para las embajadas occidentales que rechazan los visados de entrada a menos que los visitantes tengan una cuenta bancaria con un saldo considerable en casa, y que luego se niegan a reembolsar los honorarios por las entrevistas.

Los países africanos no sólo son lo suficientemente pragmáticos para saber que necesitan conocimientos del extranjero, algunos como Rwanda y hasta cierto punto Sudáfrica, de hecho lo invitan a venir. Sudán del Sur probablemente hará lo mismo una vez que sea independiente. Ya hay decenas de millares de profesionales y empresarios de Kenya y Uganda que trabajan ahí. Los cruces sin fronteras son un beneficio para todos tarde o temprano.

Por ende, es difícil para los africanos, educados o no, entender por qué los países técnicamente desarrollados hacen que los visados sean tan difíciles de obtener. África le da la bienvenida a todos los visitantes, siempre y cuando contribuyan al país de algún modo. Y aún si no pueden contribuir, ya sea porque están enfermos, ancianos o son niños, la bondad y la compasión ganan.
Todos los africanos bien educados saben que la natalidad en todo el mundo occidental y muchas partes prósperas de Asia, se encuentra bajo el nivel de reemplazo, y que África tiene millones de jovenes energéticos que no tienen trabajo, pero estarían dispuestos a hacer cualquiera. ¿Cuál es el problema? Es cierto que algunos se quedarían en el extranjero. Se adaptarán a la diferente comida, clima, cultura y formas, convivencia social comparativamente fría y se convertirían en un activo para su nuevo país. Pero otros regresarán a casa mejor capacitados y con entusiasmo para emprender negocios y levantar instituciones.

Todo africano bien educado también sabe de las varias maniobras para mantener la población negra baja y mantenerla lejos: “su música es muy alta; no duermen hasta muy tarde; llevan cuchillos y se meten en peleas; viven de nuestros bienes a nuestro costo; son desordenados y sucios”. De hecho, muchísimo menos que la gente nativa de su nuevo país. ¡Y los africanos tienen muchos hijos!

Los países desarrollados deben escuchar a los africanos sin voz que gritan al occidente: si estuvieran en nuestra situación (y es gracias a nuestros recursos que no lo están), les daríamos la bienvenida. ¿Por qué no nos dan la bienvenida a nosotros?

Martyn Drakard escribe desde Kampala, en Uganda.

Este artículo es publicado por Martyn Drakard y MercatorNet.com bajo la licencia de Creative Commons. Puede republicarlo o traducirlo sin costo con la atribución respectiva, para propósitos no comerciales de acuerdo con estas indicaciones. Si das clases en una universidad puedes pedir a tu departamento que haga una donación. Los medios de comunicación comercial deben contactarnos para permisos y costos. Algunos artículos en este sitio son publicados bajo términos diferentes.


Ésta es la traducción al español de un artículo originamente publicado en MercatorNet:
http://www.mercatornet.com/articles/view/wheres_the_welcome_mat/

This is the Spanish translation of an article first published in MercatorNet: http://www.mercatornet.com/articles/view/wheres_the_welcome_mat/

Wednesday, March 9, 2011

Tres formas de morir


Cómo tres mujeres de tres diferentes países están lidiando con la muerte en el Día Internacional de la Mujer.




Michael Cook | Martes, 8 de Marzo 2011





Esto se trata de tres mujeres y la muerte: una de ellas es de la India, otra de Ruanda y la otra de los Estados Unidos. Provienen de culturas muy diferentes entre sí y están lidiando de forma muy diferente con el final de la vida. Uno de ellos es particularmente triste – pero es la pena lo que hiere, no el dolor. 


Empecemos con el caso de la India. Su nombre es Aruna Shanbaug. Era una enfermera en el hospital King Edward Memorial de Mumbai. En 1973 fue estrangulada y asaltada sexualmente en una de las salas del hospital. Ahora vive en una dimensión desconocida donde prácticamente no puede ni moverse. No puede hablar, no puede alimentarse o limpiarse. Su familia y su novio la abandonaron ya hace mucho tiempo.

Pero por 38 años, las enfermeras del hospital han estado cuidándola. Ferozmente resistieron el intento de una activista para que se quitara la sonda de alimentación de Aruna y así causar su muerte por hambre. El caso se escaló hasta la Suprema Corte de la India, la cual publicó la sentencia ayer. Esta sentencia negó la petición de terminar la vida de Aruna.

El país entero debe aprender el significado de dedicación y sacrificio enseñado por el equipo del hospital KEM. Por 38 años, Aruna no ha tenido ni una llaga,” dijeron los jueces. Alabaron “su noble espíritu y su dedicación excepcional, ejemplar y sin precedentes al cuidar de Aruna por tantos años. Toda la gente de la India están orgullosos de lo que han hecho.”
Las enfermeras declararon que este era el mejor posible regalo que pudieron recibir para el Día Internacional de la Mujer. “Aruna era nuestra, y siempre seguirá siéndolo”, dijo Agnes Thomas, una enfermera que ha estado trabajando en el hospital los últimos 35 años. “Su familia dejó de visitarla desde hace algunos años, ella pertenece a nuestra familia. No tenemos ninguna obligación de cuidarla, pero lo hacemos porque nos sentimos unidas a ella.”


Y el Dr. Sanjay Oak, decano del hospital dijo a los noticieros: “No era cosa de victoria o derrota. Me alegra que la humanidad ha triunfado.”


A continuación se encuentra la mujer de Ruanda. Se llama Rachel Nyirahabiyambere y es una inmigrante a los Estados Unidos de 58 años de edad. Pasó mucho años como refugiada en la selva de la República Democrática del Congo antes de seguir los pasos de dos de sus hijos hacia los Estados Unidos.  Cuando su hijo mayor se mudó a Virginia, renunció a su trabajo, perdió los beneficios de seguro social y lo siguió para poder cuidar de sus hijos. Además tampoco tenía acceso a Medicaid ya que no ha vivido en los Estados Unidos por cinco años.

En Abril del año pasado tuvo un derrame cerebral que la dejó en un estado vegetativo permanentemente. Estuvo recibiendo cuidados en el Centro Médico de la Universidad de Georgetown, un hospital católico de Washington D.C. Después de siete semanas, el hospital intentó darla de alta ya que sus cuidados eran muy costosos. De acuerdo con el New York Times, el hospital dio tres opciones a los hijos: encontrar un asilo de ancianos, que la llevaran a una de sus propias casas o repatriarla a Ruanda.


Los hijos respondieron que no tenían la capacidad económica para ninguna de las opciones. El estancamiento se resolvió en diciembre: a petición del hospital, la Corte del Circuito de Alexandria designó un custodio. El custodio se puso en acción rápidamente, la Sra. Nyirahabiyambere fue transferida a un asilo a mediados de Febrero y a pesar de angustiadas protestas de los hijos, se le quitaron las sondas de alimentación.

Por eso, en este mismo momento, Rachel Nyirahabiyambere está muriendo de hambre en Millersville, Maryland. El hospital que organizó esta barbaridad declara en su sitio-web que “Nuestra misión es llevada a cabo con un gran énfasis de ayuda a la comunidad y una dedicación al principio Jesuita, católico de cura personalis – que significa 'cuidado de la persona entera'.”


¿El cuidado de la persona entera no incluye comida y agua? Las enfermeras del King Edward Memorial, que no es exactamente uno de los mejores hospitales del mundo, dieron cuidados paliativos a Aruna por 38 años sin ninguna queja. Pero para uno de los mejores hospitales americanos, cuidados paliativos evidentemente significa morir de hambre lentamente.


En nuestra cultura nosotros nunca condenaríamos a morir de hambre a nadie,” dice uno de sus hijos, Jerome Ndayishimiye.


La tercer mujer es una estadounidense, Andrea J. Sloan. Es enfermera y abogada, y también es quien la corte designó como custodio de Rachel Nyirahabiyambere. Fue ella quien ordenó que se quitaran las sondas de alimentación. Deborah Sontag, la reportera de New York Times, obtuvo copias de su comunicación con los hijos de Rachel. No son una lectura agradable.
Los hospitales no pueden permitirse el lujo de dar tiempo a las familias para pasar por el proceso de lamentación dejando que los parientes se queden hospitalizados hasta que la familia llegue a la etapa de aceptación, si eso llega a ocurrir algún día... En general, ¿qué da el derecho a una familia o persona de controlar tan escasos recursos de cuidados de la salud en una situación donde el pronóstico es tan pobre, a expensas de otros que podrían realmente beneficiarse con dichos recursos?
La Sra. Nyirahabiyambere no dejó “testamento vital”, pero parece ser claro que hubiera preferido mantenerse enganchada a sus sondas de alimentación. La Sra. Sloan ignoró esto. De acuerdo con Times, ella dijo a sus hijos que desconectaría a su madre a menos que pudieran demostrar que ella querría vivir su vida “con una sonda de alimentación, en pañales, sin comunicación con nadie y en un asilo.”


Terminar la vida de cualquier persona por hambre está moralmente mal y no está reconocido en la cultura de la gente de Ruanda,” escribió uno de los hijos a la custodio. La Sra. Sloan respondió por correo electrónico: “Usted ha pedido que entienda su cultura y eso es exactamente lo que estoy intentando hacer. Sondas de alimentación no son parte de su cultura, ¿o sí lo son?”


Tres mujeres. Tres países, dos pobres y uno rico. ¿Pero de que sirve vivir en el país rico si se te trata tan cruelmente cuando mueres?


Michael Cook es el editor de MercatorNet.


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Ésta es la traducción al español  de un artículo originamente publicado en MercatorNet: 
http://www.mercatornet.com/articles/view/three_ways_of_dying/


This is the Spanish translation  of an article first published in MercatorNet: http://www.mercatornet.com/articles/view/three_ways_of_dying/