La hostilidad y xenofobia europeas hacia los refugiados africanos deja perplejos a los africanos.
Al mismo tiempo que los aviones de la OTAN están haciendo respetar la zona de exclusión aérea en el cielo de Libia, y mientras que los dos presidentes luchan entre sí en Costa de Marfil, unos dramas se están llevando acabo en la tierra debajo: las vidas de innumerables refugiados y gente que ha sido sacada de sus hogares. Hay un refrán africano que dice: cuando dos elefantes se pelean, el que sufre es el pasto.
Yamusukro, la capital administrativa de Costa de Marfil, se ha derrumbado ante los soldados respaldando al presidente Alassane Ouattara, quien ha sido reconocido internacionalmente, pero los residentes de la capital financiera, Abiyán, principalmente territorio de Laurent Gbagbo, se están saliendo de la ciudad lo más pronto posible. Se estima que el número de los refugiados y gente que han sido desplazados de sus hogares es de 500,000 a un millón de personas. Algunos han escapado a sus casas en las aldeas – si se encuentran en una zona segura -, otros (trabajadores de las plantaciones de cocoa) se dirigen hacia sus países de origen y otros van a cualquier lugar donde puedan encontrar refugio y comida. El recinto de una iglesia católica se encuentra dando refugio a 30,000 personas.
Mientras tanto, la pequeña islia Italiana Lampedusa (con una población de 3,000 habitantes) está siendo inundada. Desde que los problemas de África del Norte comenzaron, más de 15,000 inmigrantes de Libia y Túnez han llegado a las costas de la isla, y más siguen llegando. Estos son los que tuvieron suficiente suerte para cruzar a salvo.
Desde hace poco tiempo, los pescadores de Lampedusa han cerrado con barricadas la entrada al puerto de la isla con balsas confiscadas de los previos inmigrantes ilegales para prevenir que enbarcaciones de más inmigrantes lleguen a la costa. Algunos sostenían un aviso pintado que decía “¡Suficiente – estamos llenos!” Los visitantes africanos han estado durmiendo en el frente del puerto o en tiendas de campaña en espacios abiertos. El Primer Ministro Italiano, Silvio Berlusconi, visitó la isla al inicio de esta semana, prometiendo que distribuiría víveres a los habitantes de la isla, y llevaría a los inmigrantes a Sicilia y al continente. Él vino dos semanas después de Marine Le Pen, la candidata presidencial francesa quien, fiel a los pasos de su padre, dijo que todos los inmigrantes deberían regresarse a África.
Las inhóspitas palabras de la Sra. Le Pen y la hostilidad de los pescadores de Lampedusan, aunque son representativas de los sentimientos de muchos europeos, contrastan con los sentimientos africanos con respecto a visitantes.
África no ha tenido otra opción más que acomodar a gente de países colindantes en llamas. Los últimos 40 o más años, Kenya ha tomado el papel de anfitrión a gente de Somalía, Uganda, Etiopía, Congo, Sudán, y Sudáfrica (durante el apartheid), a pesar de no tener suficientes recursos de vivienda y alimentos para sus propios ciudadanos. Uganda ha recibido a gente de Rwanda y Burundi, Sudán, Kenya, Congo, y recientemente, Somalía. Los países de África Occidental, con sus guerras de los Diamantes de Sangre en los noventas, tuvieron experiencias similares.
Las fronteras y hasta los puestos fronterizos son porosos en África. Cualquier persona con una cara negra y un poco de descaro puede atravesar sin ningún problema, sin papeles, molestias o largas filas. Las colas son para las embajadas occidentales que rechazan los visados de entrada a menos que los visitantes tengan una cuenta bancaria con un saldo considerable en casa, y que luego se niegan a reembolsar los honorarios por las entrevistas.
Los países africanos no sólo son lo suficientemente pragmáticos para saber que necesitan conocimientos del extranjero, algunos como Rwanda y hasta cierto punto Sudáfrica, de hecho lo invitan a venir. Sudán del Sur probablemente hará lo mismo una vez que sea independiente. Ya hay decenas de millares de profesionales y empresarios de Kenya y Uganda que trabajan ahí. Los cruces sin fronteras son un beneficio para todos tarde o temprano.
Por ende, es difícil para los africanos, educados o no, entender por qué los países técnicamente desarrollados hacen que los visados sean tan difíciles de obtener. África le da la bienvenida a todos los visitantes, siempre y cuando contribuyan al país de algún modo. Y aún si no pueden contribuir, ya sea porque están enfermos, ancianos o son niños, la bondad y la compasión ganan.
Todos los africanos bien educados saben que la natalidad en todo el mundo occidental y muchas partes prósperas de Asia, se encuentra bajo el nivel de reemplazo, y que África tiene millones de jovenes energéticos que no tienen trabajo, pero estarían dispuestos a hacer cualquiera. ¿Cuál es el problema? Es cierto que algunos se quedarían en el extranjero. Se adaptarán a la diferente comida, clima, cultura y formas, convivencia social comparativamente fría y se convertirían en un activo para su nuevo país. Pero otros regresarán a casa mejor capacitados y con entusiasmo para emprender negocios y levantar instituciones.
Todo africano bien educado también sabe de las varias maniobras para mantener la población negra baja y mantenerla lejos: “su música es muy alta; no duermen hasta muy tarde; llevan cuchillos y se meten en peleas; viven de nuestros bienes a nuestro costo; son desordenados y sucios”. De hecho, muchísimo menos que la gente nativa de su nuevo país. ¡Y los africanos tienen muchos hijos!
Los países desarrollados deben escuchar a los africanos sin voz que gritan al occidente: si estuvieran en nuestra situación (y es gracias a nuestros recursos que no lo están), les daríamos la bienvenida. ¿Por qué no nos dan la bienvenida a nosotros?
Martyn Drakard escribe desde Kampala, en Uganda.
Ésta es la traducción al español de un artículo originamente publicado en MercatorNet:
http://www.mercatornet.com/articles/view/wheres_the_welcome_mat/
This is the Spanish translation of an article first published in MercatorNet: http://www.mercatornet.com/articles/view/wheres_the_welcome_mat/
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